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Jueves, 5 de noviembre de 2026 Al minuto

Los glaciares pirenaicos alcanzan niveles críticos de pérdida: un año más de retroceso acelerado

Los glaciares de los Pirineos han sufrido un nuevo año de retroceso significativo durante la temporada 2025-2026, extendiendo una preocupante tendencia a la baja que persiste desde hace décadas. Este hallazgo proviene del monitoreo anual realizado por el Grupo de Investigación CryoPyr del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), quienes describen el año como un período de «pérdidas extremas», a pesar de una primavera caracterizada por nevadas excepcionales.

Ilustración
Ilustración de Hilo Claro.

El año 2025-2026 se posiciona como el tercer peor en cuanto a pérdidas de hielo desde que comenzaron a registrarse datos anuales en 2012, superado únicamente por los años 2021-2022 y 2022-2023, ambos marcados por eventos climáticos extremos.

Los tres glaciares principales bajo observación mostraron una pérdida promedio de espesor superior a los dos metros. El glaciar del Aneto registró una disminución de -2,4 metros, con un máximo de -4,8 metros. El glaciar de Monte Perdido tuvo una pérdida de -2,3 metros, con un máximo de -6,0 metros. El glaciar de Ossoue, en el macizo de Vignemale, continuó registrando los peores datos, con una media de -3,1 metros y un máximo de -4,9 metros.

El glaciar de Maladeta, monitoreado por la Confederación Hidrográfica del Ebro, también experimentó una pérdida promedio de -2,3 metros. Incluso el glaciar de Llardana, ubicado en el macizo de Posets y favorecido para la acumulación de nieve, sufrió un descenso promedio de -1,5 metros de espesor y máximos de -3,4.

Se observa una mayor fragmentación en el glaciar del Aneto, con una nueva división bajo el Pico del Medio, sumándose a la ya existente división de 2025 bajo el Pico de Coronas. Los investigadores señalan: «El glaciar continúa así su proceso de desmembramiento en cuerpos de hielo cada vez más pequeños y aislados».

En Monte Perdido, la aparición de afloramientos rocosos en diversas zonas, junto con la degradación del cuerpo inferior occidental, indican una transición hacia un helero residual, la fase final antes de la desaparición completa.

El glaciar de Ossoue ha permanecido sin mostrar signos de movimiento durante varias temporadas, un indicio de su escasa dinámica. Aunque aún persiste como glaciar debido a su extensión, sus altas tasas de fusión sugieren una limitada actividad.

El glaciar de Llardana muestra una degradación significativa, con su superficie cubierta de derrubios y una limitada zona de acumulación de nieve.

La acumulación de derrubios y afloramientos rocosos impide su eliminación, resultando en un oscurecimiento generalizado de la superficie glaciar al final del verano. La nieve récord de primavera no fue suficiente para contrarrestar estas pérdidas, evidenciando la extrema vulnerabilidad de los glaciares pirenaicos, los más meridionales de Europa, ante veranos cada vez más cálidos.

La desaparición de estos glaciares implicaría una transformación irreversible del paisaje, alteraciones en los ecosistemas de alta montaña, cambios en el flujo de los ríos y la pérdida de patrimonio natural y cultural.

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