Investigación Detalla la Persistencia de partículas volcánicas tropicales y su impacto en el enfriamiento global
Un nuevo estudio revela que las erupciones volcánicas tropicales de gran magnitud liberan partículas que permanecen en la estratosfera hasta por tres años, influyendo en la temperatura del planeta. La investigación, publicada el 15 de octubre de 2026 en Geophysical Research Letters, fue llevada a cabo por Zachary McGraw, Benjamin O. Goldman y Lorenzo M. Polvani, y analiza cómo la ubicación de estas erupciones afecta el enfriamiento del hemisferio norte.
El equipo de investigadores, afiliado a la Universidad de Columbia y al Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, realizó 160 simulaciones para comparar erupciones ecuatoriales con eventos situados a 64° de latitud norte. Los resultados contradicen cálculos previos que sugerían que las erupciones en latitudes más altas tenían una capacidad de enfriamiento regional hasta 7,5 veces mayor que las de magnitud equivalente cerca del ecuador.
La prolongada permanencia del material piroclástico se debe a su ingreso a la estratosfera, una capa atmosférica con baja humedad. La NASA explica que los aerosoles de sulfato pueden persistir durante años porque la gravedad y la circulación atmosférica los eliminan lentamente, a diferencia de la troposfera, donde las lluvias limpian el aire en cuestión de días.
La ubicación geográfica en la zona ecuatorial facilita una dispersión global del fenómeno. Informes de la NOAA confirman que las corrientes estratosféricas desplazan los gases de eventos masivos hacia ambos polos, prolongando el bloqueo de la luz solar durante varios años, como ocurrió tras las erupciones de los volcanes Agung, El Chichón y Pinatubo.
Finalmente, la gravedad desplaza estos compuestos químicos a menor altitud, permitiendo su eliminación a través de las precipitaciones. Investigaciones lideradas por McGraw señalan que las erupciones fuera del trópico tienen un impacto temporal menor y cuestionan la escasez de eventos similares en la era moderna.
Las explosiones de gran intensidad impulsan dióxido de azufre a altitudes elevadas, donde se transforma en microgotas de ácido sulfúrico. Estas partículas reflejan una parte de la radiación solar de vuelta al espacio, reduciendo la energía térmica que recibe la superficie terrestre. «Las erupciones volcánicas provocan cambios climáticos a corto plazo», afirmó el investigador Georgiy Stenchikov en una publicación de la agencia espacial estadounidense.
Estudios recientes revelaron una asimetría geográfica notable: a igualdad de emisiones de azufre, la disminución de la temperatura en las latitudes extratropicales del norte fue entre 1,4 y 1,9 veces mayor tras una erupción en zonas no tropicales en comparación con una ecuatorial. Los autores atribuyen esto a la alta concentración de material suspendido en un solo hemisferio, aunque la menor frecuencia de estos episodios limita su impacto acumulado.
Un ejemplo histórico es la erupción del volcán Pinatubo, en Filipinas, en junio de 1991. Según los registros del Instituto Goddard, esa erupción liberó 18,5 millones de toneladas de dióxido de azufre a la estratosfera, cuyos sulfatos causaron una disminución media global cercana a 0,5 °C durante casi dos años. Esta masa de partículas demuestra la capacidad de un evento ecuatorial para alterar el balance energético de la Tierra.
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